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Porque el cielo está al alcance de unos pocos, o eso dicen. Y sí, si pienso en él aparecen imágenes inconexas, retales abstractos e inteligibles en lo que al significado se refiere. Reales para el soñador. Pensamientos; ciudades, tráfico sofocante, aire cargado de vidas ajenas; besos que se dan con rabia, labios tintados de rojo; un cigarro insinuante en tu boca -mejor cuando cae la tarde y el sol se esconde-. Susurros en mi oído que se comportan como una corriente electrica, que viaja por mi anatomía, que se desliza hasta producir cosas inexplicables. Efectos en mí. Porque lo lejano está muy cerca tratándose de tus ojos y el cielo, resulta alcanzable si reflexiono en él como en algo semejante a todo eso -depende de la compañía con la que se siente-.

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lunes, 25 de febrero de 2013

Borrones muchos, marcas pocas.



                                 


¿Habéis hecho alguna vez un roce con un lápiz? Si, un roce, en un hoja. Hay algunos que si los haces flojitos, sin que el lápiz roce el papel casi, se borran fácilmente y puedes hacerlos millones de veces, y te olvidas de ellos a lo largo del día, incluso haces más y los vuelves a borrar. Porque no se notan, porque sabes que han estado ahí pero nadie lo ha visto, nadie ve pruebas que demuestren que los has hecho. Luego hay otros en los que aprietas, en los que o queda la marca del lápiz o queda señal al haberlo dibujado, pero se nota. La gente se da cuenta de que han pasado por ahí y te lo dicen.
Ahora pensar una cosa, ¿no hay personas a las que les pasa igual que a los roces? Hay personas que pasan por tu vida sin dejar señal, porque su estancia ha sido breve, porque no te han marcado, porque pasan desapercibidos, porque solo tú sabes que han estado ahí, solo tú entiendes el significado de determinados sitios, momentos, besos, miradas, canciones...solo tú sabes que han existido y han estado ocupando un sitio en tu corazón. Pero hay otros que dejan huella, que por más que borres no se van. Porque se quedan ahí, incrustados...Y tú, sin saber que hacer, aprendes a vivir con ellos, porque han formado parte de un momento de tu vida o porque simplemente te gusta repasarlos de vez en cuando y acordarte de todo. Porque, por mucho que nos cueste asimilarlo, hay borrones que nos gustan y los volveríamos a repetir, con permanente si hiciese falta.

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